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jueves, 2 de octubre de 2025

Furor Español


Había una vez un barco de la Armada española llamado “Furor”. Sí, como lo oyen: F U R O R, un término que evoca tempestades, bramidos de cañón, ímpetus guerreros y hasta la bravura de los tercios de antaño. Un nombre que intimida y presume que España aún es capaz de rugir en alta mar como en los tiempos imperiales.

En su primera gran misión de decoro internacional, iba a algo mucho más peligroso que una guerra: escoltar una flotilla civil (FLO. TI. LLA: Flota pequeña) con un cargamento muy amenazante: harina, arroz, leche para bebés, agua y medicamentos. Y mucha DIGNIDAD rumbo a Gaza para personas sometidas a un hambre brutal. Una misión humanitaria, un acto de decencia que no han acometido los gobiernos mundiales.

El  “Furor Español”, un rugido que se quedó en bostezo, tornó en un susurro de papel mojado: promesas huecas, discursos hinchados y luego, silencio. Era una retirada planeada, cálculo político y postureo.

Pero sí, esa fiereza de la PIEL DE TORO” sí estaba, pero no iba en un buque de guerra, sino en una flotilla (FLOTA PEQUEÑA) encabezada por “El ALMA” un barco sin almirante en que navegaban unos atrevidos cuyo único emblema es el arrojo y el coraje. Una flotilla que resignificó y encarnó en sus propias vidas y en sus cuerpos ese nombre de epopeya, FUROR, como la capacidad de sostener una gesta encomiable de humanidad.

Estos valientes han sido secuestrados. La zona de exclusión es un invento israelí,   Cada barco es territorio español asaltado, España ha sido atacada por otro Estado y debe responder. La bandera que ondea sobre una embarcación determina su nacionalidad y la jurisdicción que la protege. La interceptación de un barco con nacionales españoles y materiales humanitarios legitima —por derecho, por decoro y por interés político— una respuesta del Estado que vaya más allá de los comunicados timoratos.

El Gobierno ya no puede plegarse a las presiones, agachar la cabeza ante los mismos actores que perpetúan un GENOCIDIO en Palestina y maquillar su renuncia con tecnicismos.

Porque mientras tanto, en Gaza, sigue el hambre. Y la muerte

Y en esta piel de toro lo único que arde es la vergüenza.

El episodio no es solo una lección política: es una herida ética. Una flota pequeña ha mostrado que el furor y la fiereza que necesita el mundo ahora no está en las armadas ni en los gobiernos cuando se enfrentan a piratas y al poder que intimida. Y cuando un Estado ataca impunemente la respuesta no puede limitarse a la demagogia sino la audacia para poner los derechos humanos por encima de los intereses geopolíticos.

Gobernar es decidir, y decidir implica un coste, una renuncia, a gustar a todo el mundo, a las adulaciones y alabanzas, conlleva asumir ser criticado y quizás vilipendiado.

La realidad exige acción, GESTAS y no gestos de sumisión, cálculo y la vieja costumbre de lavar la conciencia en comunicados de prensa.

¡Dios aborrece a los tibios!

Acción es ACTUAR CON MÁXIMA FIRMEZA Y DETERMINACIÓN

-          ROMPER CON EL ESTADO TERRORISTA DE ISRAEL

-          CONCLUIR LAS RELACIONES DIPLOMÁTICAS y COMERCIALES

-          BOICOT AL COMERCIO DE ARMAS

-          EXPULSIÓN DE TODOS LOS EVENTOS INTERNACIONALES Y NACIONALES

-          EMBARGOS Y SANCIONES

La acción humanitaria no puede quedar en manos del altruismo individual: los gobiernos deben asumir la protección.
Si una flota civil debe arriesgar vidas para llevar pan y medicinas, es porque las instituciones internacionales han fracasado. La movilización por la vida y la dignidad no puede depender de que personas pongan sus cuerpos en la mar; debe ser una política colectiva de Estados.

En ese sentido, la propuesta de Gustavo Petro de crear una fuerza internacional —una iniciativa para proteger civiles y corredores humanitarios y hacer cumplir el derecho internacional— merece ser tomada en serio y debatida por la comunidad internacional como una opción de protección activa y enfrentar la impunidad y el despotismo de los matones.

“La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”, decía Thomas Mann

La paradoja de la tolerancia, formulada por Karl Popper, nos ha de servir de alerta:

Una sociedad tolerante no puede tolerar la intolerancia, ya que esto podría llevar a la destrucción de la propia tolerancia”

Imágenes libres de Freepik
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miércoles, 24 de septiembre de 2025

Palestina somos todos ¡Haz tu parte!

Gaza somos todos

 Sostener lo humano nos interpela a todos: Palestina nos necesita a cada uno de nosotros 

¡Haz tu parte!

Durante casi dos años ya, día tras día, estamos asistiendo en directo, no a una tragedia o catástrofe infaustamente sobrevenidas, sino a acciones premeditadas, proyectadas y operadas por la mano del hombre, lo que desafía todo entendimiento humano. Es la masacre sistemática de seres humanos por los bombardeos incesantes del Estado de Israel sobre la Franja de Gaza y el asedio inhumano que extiende también a Cisjordania, con especial saña sobre los niños. Según datos de UNICEF, más de 50.000 niños han sido asesinados o heridos desde el inicio de la ofensiva israelí. Cada número es una vida truncada, una familia devastada, una infancia arrebatada.

Estamos contemplando el colapso de la esperanza. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU ha concluido que Israel ha cometido y sigue cometiendo genocidio contra el pueblo palestino, de al menos cuatro maneras distintas de las cinco posibles: asesinatos, daños físicos y psicológicos graves, condiciones de vida destinadas a provocar la destrucción del grupo y medidas para impedir nacimientos.

Paralelamente, Israel ha infringido un daño dirigido a la total devastación del entorno urbano y ecológico: clínicas y hospitales, escuelas, colegios y universidades, templos, edificios civiles, inmuebles, fábricas, cultivos, redes de transporte, caminos… El acceso a alimentos, agua y medicinas ha sido bloqueado deliberadamente, y se han emponzoñado y taponado con cemento pozos y fuentes, intensificando a propósito el martirio de la población. El hambre se ha convertido en arma de guerra, y más de 400 personas, casi 200 de ellas niños, han muerto por desnutrición. Han bombardeado con "fosforo blanco", un arma química capaz de quemar la carne y profundizar hasta los huesos. El grado de perfidia se hace insoportable cuando los mismos perpetradores se burlan despiadadamente del sufrimiento de sus víctimas, compiten impunemente con el número de bebés asesinados (como trofeo de caza), se recrean grabándose entre carcajadas con los juguetes rotos de niños muertos o con la ropa íntima de sus madres. Los soldados de las FDI y miembros de una execrable ONG norteamericana juegan al “tiro al pato” con las personas hambrientas y extenuadas que acuden a por víveres a los centros de distribución. El culmen de psicopatía, que ninguna distopia orwelliana alcanzara a concebir nunca antes, es la organización de itinerarios y cruceros turísticos para solaz y disfrute de una población evidentemente patológica, o de fiestas con barbacoas y bailes sincopados para felicitar a los soldados y celebrar la consumación de estas monstruosidades. Envuelven toda esta depravación en un relato delirante de "raza elegida por Dios" y de estar realizando una "obra divina". 

¿Y cómo definir la obscenidad del abyecto Proyecto de Resort de lujo, ya diseñado y divulgado, que pretenden construir sobre los cadáveres que yacen estrujados entre los ruinas de la tierra que una vez los acogió cuando las víctimas eran ellos?

Vemos, en categórico presente y en primera plana, múltiples historias que desgarran la conciencia. Una pediatra gazatí pierde a 9 de sus hijos en un ataque aéreo israelí. Una niña es acribillada dentro de un coche con 355 balazos, junto a toda su familia y los sanitarios que acuden en su socorro. Un niño huérfano camina llorando con su hermana pequeña a hombros, recorriendo por enésima vez una travesía a ninguna parte. ¿Cómo se sobrevive a eso? ¿Cómo se reconstruye una vida cuando el mundo parece haber normalizado y aprobado el exterminio de los más vulnerables?

¿Cómo podemos sostener esta atrocidad sin enfermar, sin somatizar el trauma, sin disociarnos en una parte insensible, encapsulada, e indolente? ¿Sin que adolezca nuestra salud mental y emocional?

¿Dónde está la justicia? La ONU ha instado a Israel a cumplir con las medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia, que incluyen el cese de actos genocidas y el acceso sin trabas a ayuda humanitaria.

Juristas, académicos y operadores jurídicos, en España y otros países, han calificado las acciones de Israel como crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, exigiendo sanciones y la rendición internacional de cuentas.

Sin embargo estas órdenes han sido ignoradas por la Comunidad Internacional hasta ahora. Ahora que algunos líderes empiezan a tomar la delantera de una movilización civil imparable, ahora que conviene tomar y replicar la denuncia irrefrenable de los pueblos y sus gentes. "Nunca es tarde..."

Israel no atiende a ninguna ley, no rinde cuentas, y esto le hace inconciliable con el derecho internacional. Es incompatible con la humanidad. Es una aberración y terminará por desaparecer. Es su destino.

Esto no es solo una denuncia. Es un grito. Un grito por cada niño que no volverá a jugar, por cada padre que llora sobre los escombros convertidos en sepultura de los suyos, por cada vida que el "poder mundial" ha decidido mirar de reojo. El silencio internacional no es neutralidad: es complicidad.


La historia juzgará. Sí. Pero ahora Palestina no necesita discursos de lucimiento personal y proclamas tramposas. Los palestinos necesitan que no los maten. Quienes tenemos voz y CAPACIDAD de HACER debemos usarlos para lograr ACCIONES (boicot, embargos, sanciones, ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales) y que el dolor palestino no se pierda en pensamientos, palabras o en frías estadísticas. La acción es necesaria para generar un cambio. Y se ha demostrado que la protesta audaz y la presión de la gente unida logra transformar la realidad.

Cuando el pueblo se une, no solo exige justicia: reconstruye el tejido emocional que la violencia intenta desgarrar. Marchar juntos, cantar juntos, llorar juntos... Navegar juntos, con activistas, médicos, artistas, abogados, clérigos, marineros y voluntarios de 44 nacionalidades diferentes que componen la“Global Summud Flotilla”. Personas unidas para romper el bloqueo israelí haciendo la tarea que deberían estar haciendo los gobiernos y las instituciones. Sobre ellos van todos nuestros ojos y la vigilia para denunciar como sea cualquier agresión o asalto por parte del Estado genocida de Israel. Es una forma de decir “no estás solo”, de devolverle al mundo su rostro humano.

-Durante el incendio de un bosque, un pequeño colibrí llevaba incesantemente una gota de agua en su pico y la dejaba caer sobre el fuego inclemente. Mientras, otros animales solo miraban y se reían del afán del colibrí, por considerarlo un esfuerzo inútil y ridículo. El colibrí, simplemente les contestó: "Yo hago mi parte"-


¡HAZ TU PARTE!

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martes, 16 de septiembre de 2025

Viva la gente que grita, abraza y llora

Madrid por GazaDicen que fuimos “kale borroka”, “gamberros”, “gentuza”.

Sí. Fuimos peligrosamente humanos.

Fuimos esa amenaza que no cabe en sus titulares ni en sus argumentarios: madres con pañuelos palestinos, abuelas elevando pancartas hechas con sus manos, padres desafiando el introyecto de "los hombres no lloran", jóvenes espantados por asistir cada día a una sucesión interminable de niños muertos de hambre, perversamente intencionada. Y enfermizamente celebrada.

Fuimos tan radicales que nos abrazamos. Tan violentos que lloramos juntos.

Tan subversivos que gritamos y nos desgañitamos dando aullido al dolor de 20.000 niños salvajemente destrozados.

Madrileños, castellanos, manchegos... ¡España! 

Y sus quijotes ondeando al unísono una única y noble bandera. Incluso argentinos, que interrumpieron sus vacaciones para aportar una gota de agua a este sunami redentor de la sed de Gaza.

Surfeamos la ola impulsada por catalanes, aragoneses, vascos, cántabros, asturianos y gallegos. Otros "terroristas"

Los censores maldicientes, desde sus tribunas blindadas, se escandalizaron. No por los millares de cuerpos mutilados, sino por las pancartas que los nombraban.

Les molestó más el júbilo y exaltación de la unión que el terror de las bombas.

Les ofendió más el paso interrumpido de unas bicicletas que la aniquilación desalmada de seres humanos y la desolación de su tierra.

Y escudados en la defensa del deporte, evangelizaron la deportividad como táctica para lo que mejor saben hacer: convertir la empatía en delito.

Nos llamaron “gentuza” por no callar.
Nos llamaron “terroristas” por no mirar hacia otro lado.
Nos llamaron “kale borroka” porque no sabían cómo nombrar la DIGNIDAD.

Pero lo que se convocó en Madrid el domingo 14 de septiembre fue grandioso, admirable, imponente.

Madrid fue un coro espontáneo de humanidad. Pura armonía de duelo y esperanza.

Fue una fuerza superior y descomunal: Emocionante. Hermosísima.

Una energía que no alcanzan a entender y solo pueden concebir en sus "cerebros reptilianos", primitivos,  como violencia.

De la gente emergió un poderío catártico, balsámico. La potencia que se arma con ternura, la que dinamita el silencio infame con canciones y lemas atronadores de verdad. La que exige justicia sin pedir permiso, y avanza sin atender a los ladridos frenéticos de los inicuos y la resonancia en sus poseídos.

Fue la movilización del pueblo que transmutó en un acto de sanación colectiva. Porque los horrores ejecutados por Israel en Palestina son inabarcables para  nuestros corazones, la impotencia se ha instalado como sombra en nuestras almas y la rabia contenida está desgarrando nuestras entrañas.

El 14 de septiembre el pueblo se levantó, cantó, marchó... Y transformó la angustia en fuerza. Fue un grito que cura, un chillido que desata la mudez, un puntapié a las vallas de la represión, un salto que convierte la furia en coraje, una conmoción que despierta la perplejidad mundial ante un GENOCIDIO en "Prime Time"

La memoria me trajo la letra sencilla pero vigorosa de esa canción de los 70, “Viva la gente”, del movimiento Up with People, de jóvenes de todo el mundo que cantaban como símbolo de unidad, de fe en el ser humano.

“Viva la gente, la hay donde quiera que vas.
Viva la gente, es lo que nos gusta más.
Con más gente a favor de gente en cada pueblo y nación,
había menos gente difícil y más gente con corazón.”

Que el eco de estas palabras retruene en plazas, redes, escuelas o fronteras, porque la gente importa más que los eventos, porque la humanidad no se rinde, y la solidaridad es más fuerte que el miedo.

Y este aliento de la gente unida les enoja.

¡O les aterra!

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